Lo alternativo frente a la globalización desde el contexto nacional

Lo alternativo frente a la globalización desde el contexto nacional
Desde el punto de vista de lo nacional, una de las lecciones que deja la globalización en términos de desarrollo, es que el crecimiento se traduce en incremento del ingreso, en mayor acumulación de excedentes; pero para que exista acumulación tales ingresos deben invertirse en capacidades productivas y no consumirse en actividades que no se relacionen o que formen dichas capacidades. Ello deja como enseñanza la necesidad de protegerse de la tendencia actual de que cada vez más los flujos internacionales se separan de la actividad productiva, aquí habría que considerar los efectos destructivos de esta tendencia para el crecimiento de las economías asiáticas debido a la acción de los flujos especulativos y a la inestabilidad de su proceso de acumulación.
También se podría considerar la experiencia latinoamericana en la década del 70, y la de Europa Oriental y la Ex-URSS, favorecidas por altos niveles de inversión. Pero por diversas razones tales ingresos no dinamizaron el proceso de acumulación, ni contribuyeron a la ampliación de su capacidad productiva acorde con los requerimientos del nuevo paradigma tecnológico, la lección está en que una estrategia de desarrollo alternativa no debe limitarse con presentar un cuadro macroeconómico estable con altas tasas de crecimiento. Pues esto resulta peyorativo, siendo equivalente a la principal “suficiencia” de la estrategia neoliberal.
De lo anterior se deduce que el crecimiento debe traducirse en acumulación, creando las condiciones y mecanismos que permitan aprovechar los recursos que libera el crecimiento y dirigirlos a la inversión productiva, hacia la ampliación de las capacidades de producción de bienes y de servicios productivos. Ello debe viabilizar la articulación de las actividades agropecuarias, agro-industriales e industriales y los servicios que las apoyen (financieros, comerciales, tecnológicos y educativos). Aunque la inversión puede ser necesaria para el desarrollo tampoco es suficiente. Por ello, una estrategia de desarrollo no debe limitarse tampoco en generar crecimiento y acumulación. Existen múltiples experiencias que indican que puede coexistir crecimiento y acumulación sin desarrollo, produciendo un subdesarrollo o desarrollo deformado.
La práctica de la globalización en la década del 90’ indica la existencia de crecimiento y acumulación acompañados de mayores niveles de concentración de la riqueza y marginación de amplios sectores de la sociedad, persistiendo además la destrucción de los sistemas ecológicos, incrementando las desigualdades regionales, anulando las identidades culturales y deteriorando la salud de millones de personas. Se podría situar como ejemplo a las grandes corporaciones transnacionales, 200 de las cuales en 1995, tenían ventas globales equivalentes al 28 porciento de la producción mundial y sólo empleaban 188 mil personas menos del 1% de la población mundial.
Según se ha indicado el objetivo del desarrollo no debe parcializarse en el crecimiento económico, tampoco puede hacerse limitándolo al crecimiento con los resultados de la “equidad” alcanzada hasta el presente por las mayorías de los proyectos de desarrollo del tercer mundo. Estos no han garantizado que se contenga el deterioro del ecosistema, se frene la concentración en los procesos de toma de decisiones, no se continúe degradando la calidad de bienes y personas, ni la marginación de vastos territorios.
A lo largo de varias décadas las propuestas básicas para enfrentar los desajustes sociales y la necesidad del desarrollo, se apoyaron en mayores niveles de intervención del Estado. Sin embargo, este fenómeno fue obstaculizado por la insuficiencia de un cuerpo empresarial adecuado, como consecuencia de ello se fue sobredimensionando el papel del Estado, proponiéndose como el gerente de todos los ámbitos de la actividad económica.
Indudablemente, este fenómeno estuvo influido por las propias características del subdesarrollo, donde las fuerzas empresariales y calificadas fueron casi inexistentes o bien desarticuladas, lo que impide configurar un escenario que asegure el desarrollo sostenible. La consecuencia fundamental fue que las estructuras estatales fueron asumiendo las tareas empresariales bajo un contexto de ineficiencia. Esto en el largo plazo provocó debilidad institucional, conduciendo a un deterioro del papel rector del Estado, reduciendo su legitimidad con agudas crisis de gobernabilidad en varias regiones subdesarrolladas.
La respuesta fue una redefinición del Estado introduciendo políticas neoliberales que han exacerbado la privatización, con el sesgo de que han sido insuficientes para dar respuesta a los problemas de grandes mayorías de la población. A lo que se ha unido que el peso transnacional ha bloqueado la capacidad para el desarrollo económico de las economías nacionales. Por lo que en la redefinición del desarrollo debe quedar claro que las fuerzas empresariales se desarrollaron de forma inducida por el peso del capital extranjero, y no sobre la base de leyes objetivas. En esta dirección se acentuaron las características del subdesarrollo: dependencia externa, pobreza, deterioro ambiental, desarticulación intra e intersectorial.
Otro de los desafíos en las propuestas sobre el desarrollo ha sido la concepción de promover esquemas de protección con el objetivo de crear mercados internos, sustitutivos de importaciones, intentando resolver el creciente estrangulamiento externo vía deterioro de los términos de intercambio. En la aplicación de esta concepción se destacó la región latinoamericana, con el objetivo de obtener ventajas comparativas frente al resto de la economía internacional, y con la experiencia de que tal concepción ha significado menores niveles de integración al mercado mundial.
Con una visión más integral, fue significativa la experiencia de los países asiáticos (NIC´s) quienes comprendieron que los niveles de protección debían ir ligados al Estado y acompañados de modelos de especialización coherentes con transformaciones productivas orientadas a la competitividad internacional. Esto permitió la definición de esquemas industriales a través de la diseminación de corporaciones empresariales que fueron funcionales con la integración dinámica a la economía internacional.
Con el objetivo de enfrentar los fracasos del modelo de desarrollo proteccionista desde la década del 80´ proliferó un nuevo paradigma: el de la liberalización comercial, financiera y de la inversión. Tales supuestos parten de que por medio de ellos se resolverán los estrangulamientos externos. Para el conjunto de los países subdesarrollados esta visión del desarrollo se ha convertido en una utopía irrealizable, pues mientras ellos liberan sus mercados, los países capitalistas desarrollados han recentrado su desarrollo en procesos de formación de bloques, que tienden a excluir a los países subdesarrollados de los principales flujos que dinamizan la globalización.
La lección que indica esto para la concepción del desarrollo de los países atrasados, es que la liberalización debe ser entendida con cautela, pues no puede mantenerse sin una visión definida de incorporación a la economía mundial. Las fórmulas de protección o liberalización por sí solas no son suficientes para lograr el desarrollo, es necesario buscar un patrón de especialización que sea coherente a la participación en el mercado mundial. Ello podría suponer un desarrollo ligado a bloques, bajo la concepción de levantarle barreras a la hegemonía del poder, de otra forma se vería disminuida la participación, y acrecentada la dependencia de los países subdesarrollados en la economía internacional, como consecuencia de la liberalización misma. En efecto, la búsqueda de nuevas formas de desarrollo debería ir acompañada con la especialización productiva, no adaptativa, conjuntamente con la definición e integración de bloques económicos que permitan el desarrollo sostenido.
Se deberían tener en cuenta además, en la concepción del desarrollo, las vulnerabilidades que genera la globalización financiera, debido a la fuerza que ha ganado el capital especulativo: en 1989 éste ascendía a 800 000 millones de dólares, de los cuales 680 000 millones de dólares estaba depositado en bancos, en 1992 tres años después, este pasaba de 950 000 millones, de los cuales 800 000 estaban en los bancos y en 1994 pasaron a 2.3 billones de dólares, de los cuales 850 000 se encontraban en los bancos. Esto significa que hay un billón y medio de dólares que dan vuelta al mundo, que no paran en ningún lugar de depósito o de control, basta señalar que actualmente las transacciones bursátiles son de un billón de dólares diarios.
Si se analiza esto, con detenimiento se podría observar la existencia de una institucionalización de los inversionistas, que aumenta la fragilidad de los mercados financieros. Según valoraciones los bancos centrales juntos pueden colocar 14.000 millones de dólares diarios para luchar contra la especulación de cambios, una especulación que ha llegado a los 800 000 millones de dólares diarios. Por lo tanto, el poder de los bancos centrales con 14 000 millones de dólares contra 800 000 millones de dólares prácticamente ha dejado de existir.
Debería considerarse entonces, que ante la inestabilidad y fragilidad de los mercados financieros, cada vez será más difícil basar el desarrollo económico por la vía del financiamiento externo. Según esto, se podría concebir la búsqueda de permanencia para los capitales a corto plazo que ingresan a los países subdesarrollados, con el fin de reducir la volatilidad de los flujos de capital.
También es importante en la reconceptualización del desarrollo y el subdesarrollo la necesidad de buscar patrones tecnológicos que no deterioren el medio ambiente, a diferencia de los modelos de desarrollo tradicionales, donde no se consideraban las despiadadas formas de explotación de los recursos, pues se consideraba que los recursos eran inagotables. Ello exige que la concepción del desarrollo actual deba tener en cuenta los efectos del deterioro ecológico sobre los procesos de desarrollo, como forma específica de determinar las bases de la supervivencia humana. Por lo que el desarrollo no sólo debe ser social, sino también ecológico, garantizando una cultura que permita la preservación de los recursos naturales.
Toda discusión de las perspectivas globales, debe partir de que el proceso de profundización de la socialización global sintetizada en la globalización, supera la simple internacionalización del capital, el cual ha asumido los rasgos de una socialización global cada vez más intensiva. De lo que se deriva como lección concebir la globalización como el lugar donde se crean las externalidades dinámicas del desarrollo tecnológico y social, ello implica la necesidad de articular el nivel micro y macro en la práctica de los procesos acumulativos.
La eficiencia del uso de las tecnologías es un elemento básico en el desenvolvimiento de la globalización, su elección y aplicación correcta influye decisivamente en la generación de ventajas competitivas, de aquí la importancia de promover y asimilar las innovaciones y cambios tecnológicos de manera adecuada y oportuna. De ello se deriva para la elaboración de estrategias nacionales de desarrollo, identificar las áreas donde las ventajas sean más favorables, lo cual podría ser un camino acertado que permita la localización de producciones globales en alianzas estratégicas con países o empresas más desarrollados.
Todo esto supone adquirir y adaptar tecnologías social y económicamente ventajosas, asegurar su uso eficiente, su difusión y generalización. En ello es significativa la alianza tecnológica con otros países y empresas en mutuo beneficio. Para lo cual, es importante el seguimiento de los conocimientos sobre la globalización de tecnología, particularmente en lo referente al vínculo entre la globalización de los mercados, la producción y las innovaciones tecnológicas, sintetizado en la llamada “tecnoglobalización” o “tecnoglobalismo”. En el ámbito nacional la respuesta debe ser fortalecer la capacidad de investigación y desarrollo científico-tecnológico.
Las nuevas tecnologías con su carácter globalizador están planteando un nuevo modelo de desarrollo que coloca el énfasis en una nueva estructura de costos a escala internacional, lo cual es importante darle un seguimiento con la finalidad de valorar los niveles de eficiencia alcanzados. Para ello la política económica encargada de orientar los componentes del desarrollo, debe ser capaz de movilizar los factores sociales en función de asimilar con rapidez las exigencias del mercado mundial, estimular el uso de tecnologías propias y extranjeras, viabilizando su difusión, y renovando constantemente los niveles de calificación de la fuerza de trabajo.
El cambio referido a la globalización tecnológica abre nuevas oportunidades para los países subdesarrollados, tales como la mayor flexibilidad de las actividades productivas acompañadas de un nuevo enfoque del mercado interno, que supera los problemas tradicionales de estrechez de mercados, generando una nueva configuración productiva más específica y por tanto más adecuada a las necesidades de estos países. Asimismo, al hacer más difusa las fronteras entre los principales sectores productivos, permiten redefinir favorablemente la dinámica de los procesos de industrialización, a través de la constitución de complejos productivos a partir de los recursos naturales. En el terreno de la biotecnología potencia a la agricultura al permitir una adecuada explotación de tierras áridas, fabricación masiva de semillas y la solución de la salinidad y alcalinidad de vastas extensiones de tierras. .
Sin embargo, esto no debe llevar a reducir las realidades nacionales y locales a la lógica mundial, sin tener en cuenta las particularidades de cada espacio, lo cual es imposible comprender también, fuera del contexto de una inserción en la economía mundial. En ello resulta necesario tomar en cuenta las estructuras regionales y políticas que viabilice la unidad de lo diverso según las particularidades regionales y territoriales, ya que lo nacional de un país puede ser lo específico de un territorio de otro país y viceversa. Globalmente el desarrollo no puede significar la mera extensión al mundo de los conocimientos, modos de pensamiento, de: vida o experiencia de una región, es necesario tomar en cuenta que el desarrollo local está en relación con sus valores y con su cultura propia.
En este contexto sólo se podrá mantener y crear una verdadera diversidad del desarrollo asignando un lugar a la racionalidad nacional, garantizándole un poder de iniciativa equivalente por lo menos al poder de integración del sistema mundial. El espacio nacional es el lugar de transformación de los impulsos externos con arreglo a procedimientos específicos, y está ligado en gran medida al exterior y por ende a la economía internacional.
En el espacio nacional el desafío estaría en combinar la acción del mercado con la intervención activa del Estado y de los múltiples actores no estatales. Resulta necesario rescatar la legitimidad de la esfera pública, dirigida a lograr la articulación de las actividades desarrolladas por el conjunto económico y político, en lo que se debería reconocer el espacio de acción que les corresponden a los actores no gubernamentales y al mercado.
Para poder romper con las desigualdades creadas a partir de la división internacional del trabajo, es necesario que las políticas públicas se orienten a la preservación de la identidad cultural y los valores nacionales, en lo que deviene la estrategia martiana de “ser cultos para ser libres”, por lo que es necesario otorgar apoyo a la formación de profesionales que tendrán que enfrentar con mayor crudeza, las exigencias del próximo milenio.
Si un país quiere transitar por las sendas del desarrollo en el contexto de la globalización, debe crear su ventaja comparativa en términos de capacidades productivas y sociales. Debe dar prioridad a la ciencia y la tecnología, para construir un sitio a sus exportaciones y conectarse así con los mercados mundiales. Los recursos humanos, la educación y la formación son básicos en este vínculo. De lo que se deriva la necesidad de implementar políticas de largo plazo, la resistencia al proceso de globalización con políticas de corto plazo están condenadas al fracaso.
El problema del desarrollo en el contexto de la globalización, no es solo insertarse en la economía mundial buscando espacios sino establecer una estructura económica, política, tecnológica, ecológica que responda a un proyecto donde el hombre -y no los mecanismos generadores de poder y desigualdades- sea el centro, hasta el momento la globalización ha dejado opciones restringidas para ello.
Habría que valorar que los aspectos del desarrollo positivo de la globalización se constituyen en un presupuesto objetivo y fundamental de las transformaciones actuales y del futuro, hacia una economía mundial solidaria, en la medida en que se logre superar la actual forma antagónica del proceso impuesto por el sistema capitalista. Se impone la necesidad de crear una verdadera integración social que debe comenzar por la organización social de los consumidores de los habitantes a escala regional, donde el hombre y sus organizaciones se transforman en protagonistas. Ello permite una forma superior de participación democrática, donde el trabajo comunitario debe desempeñar un papel importante, la idea está en pensar globalmente y actuar localmente.
El crecimiento económico es inseparable del progreso científico técnico, político y social y deben perseguirse simultáneamente, es necesario construir un paradigma alternativo de desarrollo, en donde dicho crecimiento económico se constituye en un medio, y no en un fin mismo, y que coloque en el centro la integración social. Esto explica la necesidad de construir proyectos nacionales de desarrollo con carácter realista, asimilando creadoramente los cambios que se registran en el entorno de la globalización, por lo que la complejidad del desarrollo socio-económico, debe partir de las grandes contradicciones a resolver.
En los momentos actuales el desafío está en la creciente interdependencia que generan los procesos tecnológicos y la presencia cada vez más dominante del capital transnacional. Uno de los grandes retos sería crear proyectos nacionales de desarrollo que se afiancen en las potencialidades con que cuentan las distintas economías, en sus recursos materiales y humanos. El camino hacia una sociedad más justa comienza por levantar alternativas a las desigualdades que genera la transnacionalización de la vida de los pueblos, y ello debe tomar en cuenta el rescate de la soberanía, de manera que permita construir un camino propio en beneficio de la sociedad en su conjunto.
En el escenario planteado los países subdesarrollados podrían además actuar como bloque regional, pues la soberanía nacional se protege y fortalece actuando conjuntamente con otros pueblos, lo que no debe implicar una separación de las naciones desarrolladas, sino que la cooperación se realice sobre la base del respeto a la soberanía y la seguridad nacional. En esta concepción del desarrollo gana espacio lo que se puede considerar un legado universal, -”Injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”.
En la definición de alternativas de desarrollo los países subdesarrollados, deberían tener en cuenta la base de recursos naturales que tienen y su acervo de capital, tanto productivo como en infraestructura, que si bien presenta para la mayoría de estos países perceptibles niveles de ineficiencia, no deben ser subestimados. También podrían concebir las experiencias acumuladas durante años en cuanto a construcciones económicas y formulación de políticas, tanto en el plano nacional como a escala regional y mundial. El problema está en movilizar los recursos con que se cuenta para elevar los niveles de producción y de ingreso de acuerdo con los requerimientos de las amplias masas, de manera que ello revierta las fragilidades sociales ocasionadas por los impactos de la globalización.